Witz del Adivino en Uxmal
Witz del Adivino en Uxmal

Nosotros las llamamos pirámides y la escritura jeroglífica nos indica que los mayas las llamaron Witzob’ que significa Montañas Mágicas. Para nosotros representan la suma arquitectónica de nuestros ancestros además de sorprendernos por su majestuosidad, en tanto, los mayas consideraban que sus monumentos eran sujetos más no objetos, es decir, estaban dotadas de alma… tenían vida.

¿Cómo, cuándo, quiénes, para qué?

Los mayas construyeron sus Witzob’ con pequeñas piedras que rompían con otras piedras y transportaban en cestos sobre sus espaldas o sus cabezas, las apilaban y aglutinaban con la argamasa resultante de una arena llamada sascab’. Las fachadas eran cubiertas con piedras talladas en forma cónica que incrustaban en el macizo de pequeñas piedras que finalmente recubrían con estuco.

La mayoría de las Montañas Mágicas Mayas estuvieron pintadas de color rojo ya que ese color simboliza el chu’lel o energía vital a través de la cual los mayas se comunicaban con sus entidades divinas. En la cima disponían de uno o tres templos para las ceremonias y meditaciones, así como una plataforma en la que los ahauob’ (reyes) realizaban danzas chamánicas de invocación y evocación de sus ancestros y divinidades.

Danza chamánica de invocación a un Way o Nahual, detalle de un vaso ceremonial del Petén guatemalteco. Colección Justin Kerr
Danza chamánica de invocación a un Way o Nahual, detalle de un vaso ceremonial del Petén guatemalteco. Colección Justin Kerr

Los Witzob’ más grandes fueron construidos hacia los inicios de la Civilización Maya, en el Norte del Petén Guatemalteco. Justo en la línea fronteriza entre México y Guatemala se ubicaba el antiguo corredor de El Mirador, una zona del Mundo Maya en la que hacia el año 400 a.C se habían ya edificado enormes Montañas Mágicas,donde destaca el Witzob’ de La Danta en El Mirador que contaba con 2 millones 800 mil metros cúbicos, 600 mil más que la pirámide de Keops, en Egipto.

Hacia el segundo siglo antes de Cristo y en un templo adyacente a la Montaña Mágica de la zona arqueológica de San Bartolo, Guatemala, el arqueólogo William Saturno encontró unos fantásticos murales que narran la coronación de un ahau (rey); se observan pasajes del Mito de la Creación, del culto al Maíz y aparece una Montaña Mágica “viva” (fig.1), la gruta representa las fauces de una serpiente y la estalactita uno de sus colmillos, en ella convergen aves, ocelotes, serpientes y plantas sagradas.

La calidad plástica de los murales de San Bartolo nos indica que los mayas contemporáneos a Pompeya, contaron con un refinado y sutil estilo de vida a pesar de poseer una tecnología de piedras, barro, huesos y maderas.

Fig. 1 Montaña mágica o Witzob de los murales de San Bartolo
Fig. 1 Montaña mágica de los murales de San Bartolo

La Lluvia Sagrada

Como he expuesto en anteriores artículos, fueron las sequías y no los extraterrestres ni la quinta dimensión lo que provocó que los mayas tuvieran periodos de decadencia y por ello abandonaron sus ciudades. Hacia el año 300 a. C se ubica la primera gran sequía y coincide con la decadencia de dos grandes Ciudades Estado, El Mirador y Nakbé.

Al pie de las Montañas Mágicas se sacrificaban perros y en ocasiones seres humanos para imbuirlas de vida, la sangre que simboliza el ch’ulel (energía divina con la que los mayas se unían con sus entidades divinas) era el vínculo con lo sagrado y atemporal, se ofrecía la vida y ésta trasmutaba hacia el Witz.

Las torrenciales lluvias de la selva desgastaban el color de los Witzob’ por lo que constantemente eran recubiertos con estuco y pintados de nueva cuenta. Para obtener las toneladas de estuco requerido para cubrir los Witzob’, los mayas desforestaban grandes extensiones de selva y obtenían la madera verde que procuraba una combustión lenta y así la piedra se convertía en polvo.

En la zona arqueológica de El Mirador, el estuco llegó a tener un espesor de 30 centímetros, lo que presupone una terrible deforestación en los alrededores de El Mirador y, precisamente, los recientes estudios de paleobiología y arqueología subacuática realizados por los maestros Richardson B. Gill y Guillermo de Anda respectivamente, nos indican que los mayas sufrieron 4 periodos de grandes sequías, el primero de ellos coincide con la decadencia y abandono de las ciudades del Norte del Petén como El Mirador o Nakbé.

Serpiente de luz en Chichén Itzá
Serpiente de luz en Chichén Itzá

Es muy probable que las sequías de los mayas fueron provocadas por los mismos mayas al deforestar la selva para revestir de achu’lel sus Montañas Mágicas. Es realmente revelador que aquéllo que da cohesión, orden y progreso a las sociedades humanas, por su talante y naturaleza, se torna exigente y provoca la decadencia de sus creadores.

Espejos sin paño

Los mayas tuvieron una íntima relación con la naturaleza, condicionaron y ritualizaron su existencia a esos sus ciclos, sin embargo, al igual que nosotros, atentaron contra su sobrevivencia. Fueron motivos rituales, chamánicos, políticos y religiosos los que condujeron a los mayas a revestir de chu’lel sus Montañas Mágicas, su vida ritual los llevó a la obcecación y en un vórtice firmaron su decadencia.

Después de la crisis del Preclásico que provocó la desaparición de El Mirador, Nakbé y San Bartolo, hubo otras dos sequías que también comprometieron el desarrollo de la Civilización Maya, en el año 550 y al inicio del siglo X, así llegó el final del periodo clásico maya. Ésta tercera sequía determinó el final de un tipo de sociedad maya y el nacimiento de otra sociedad en la que en lugar de contar con un rey divino, aparecieron los Halach Uinicob’, Hombres Verdaderos que por cierto, siguieron construyendo Witzob’ ya que a pesar de las sequías, las Montañas Mágicas Mayas fueron antenas parabólicas invertidas que unieron los Tres Mundos Mayas: el cielo Ka’an, la tierra Kab’ y el inframundo Xibalbá.

Los famosos Witzob’

Alrededor del segundo siglo después de Cristo, emergieron algunas Ciudades Estado de importancia como Tikal, Calakmul, Yaxchilán o Palenque, en todas ellas, desde el año 300 d.C existía ya un recuento histórico de sus dinastías, se ubicaban también a los ancestros fundadores en las primeras inscripciones jeroglíficas de las Estelas que los mayas llamaron chentunob’ y que quiere decir: “árboles de piedra”.

En la ciudad de Palenque, el ahau K’inich Janaab’ Pakal K’in ascendió al Poder el 26 de julio de 625, contaba con 12 años, su reinado inició después de una serie de dolorosas derrotas de Palenque y la decapitación de nobles y gobernantes, aún así, logró reinar durante 68 años siendo uno de los ahauob’ más célebres del Mundo Maya y uno de los pocos que se mostró independiente delante al poderío de Calakmul, fue enterrado en el Witz que llamamos Templo de las Inscripciones, por cierto, no lo vio concluido y su hijo K’inich Kan B’alam II se encargó de terminarlo y ornamentarlo con uno de los textos jeroglíficos más largos y mejor conservados.

Algunas Montañas Mágicas como la del Templo de las Inscripciones de Palenque o la de la Serpiente de Luz de Chichén Itzá, cuentan con 9 plataformas que simbolizan los 9 niveles del Xibalbá que se hacían presentes en el ámbito humano como una antena parabólica invertida que unía los Tres Mundo Mayas.

En la balaustrada Norte de la Montaña Mágica de Kukulkán, en Chichén Itzá, durante los equinoccios se forma una Serpiente de Luz que simboliza a la divinidad Kukulkán que desciende al Cenote Sagrado para entablar una plática con Chaak Xib’ Chak (divinidad de las aguas) y procurar acuerdos para el inicio o final del ciclo agrícola.

La Serpiente de Luz regresa por la escalinata Norte de la Montaña Mágica y asciende de nueva cuenta a su morada celeste. En aquellos tiempos mayas, la música acompañaba todos los eventos humanos y algunas Montañas Mágicas como la de El Adivino en Uxmal o la de Kukulkán en Chichén Itzá, cantan.

Cuando aplaudimos delante a las escalinatas de dichas construcciones, el sonido se difracta en los escalones (como la luz en la Ley Bragg) y escuchamos un eco que reproduce el sonido del canto del Quetzal, ave divina poseedora de una larga pluma que cuando galana se extiende en el aire, asemeja a una serpiente voladora.

En ocasiones los Witzob’ tuvieron la función de sepulcro para los ahauob’, se consideraban vasos comunicantes con los Tres Mundos Mayas y fueron dotadas de vida a través del ch’ulel, por ello se pintaron de rojo para emular el color del vínculo con lo sagrado. Los Witzob’ se habitaron, en sus cimas contaron hasta con tres templos y dispusieron de espacios sagrados o plataformas para escenificar la danza ritual que tornaba a los ahauob’ en representantes de los intereses divinos así como sus intermediarios con los seres humanos.